A veces la innovación surge de problemas muy pequeños.
Recientemente, nuestro equipo lanzó un nuevo producto de lonchas de pollo listas para consumir, envasadas al vacío en una bolsa rectangular. Durante las pruebas internas, observamos algo interesante: debido a que el producto está envasado al vacío para mantener el pollo fresco y en buen estado, el envase puede resultar un poco difícil de abrir.
En lugar de ignorar el problema, nuestro equipo se reunió y lo analizó desde la perspectiva del consumidor. Si alguien desea mucho el producto pero tiene dificultades para abrirlo, ¿qué haría?
¿Se rendirían... o se esforzarían un poco más porque la comida que hay dentro vale la pena?
Finalmente, decidimos mejorar el diseño añadiendo dos aberturas para facilitar la apertura: una en la parte superior y otra en la inferior. Este sencillo ajuste hace que el envase sea mucho más fácil de abrir, a la vez que mantiene el producto sellado al vacío de forma segura.
Para nosotros, esto nos recordó que el desarrollo de productos no se trata solo de ingredientes y sabor. También se trata de escuchar, observar y resolver pequeños problemas juntos como equipo.
A veces, un pequeño cambio de diseño puede marcar una gran diferencia en la experiencia del consumidor.
Y también plantea una pregunta interesante:
Cuando tienes muchas ganas de probar un producto, pero el envase lo dificulta un poco, ¿te rindes o lo abres de todos modos porque lo que hay dentro merece la pena?
Creemos que si el producto en sí es lo suficientemente bueno, la gente siempre querrá descubrirlo.












